No sé aún como sacarme esta impotencia del alma...
Es pequeña, pero crece.
Es adictiva, pero me mata.
Es satisfactoria, pero me carcome por dentro.
Parece odio, pero no lo es; Parece rabía, pero no se le compara...
Como si un fuego me quemara el estomago, y eso me produciera placer, un placer indefinidamente maldito, lleno de penumbra y enojo, pero es un placer que me encanta. Y aún cuando mi conciencia esta de acuerdo en unas cosas, luego me recuerda, de que no hay que ser así.
De que debes vivir tu vida, sin importarte la de los demás...
De que eres tú, y no él o ella, ni tu enemiga ni tu amiga, ni tu padre ni tu madre...
De que eres así, con tus defectos y virtudes, con tu ropa, con tu pelo y tus ojos, con tus manos y tu boca, tu sonrisa y tu desdicha, tus lagrimas y tus risas...
Que al fin y al cabo, en este mundo...solo eres tú, y nadie más.
Y esa impotencia, es al fin... algo con la cual crecer.
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