
Tierra Marcada.
Cuento nº 6.
Viaje a Petrópolis.
En días nublados, pareciera que el dolor del alma saliera del cuerpo y se desvaneciera por los poros, hacia el aire, donde el esta más pesado, cargado de esas historias de lastima que cuentan tu cuerpo. Pero aún así, hay gente que sonríe aunque su día sea triste, sonríe aunque su vida este perdida, aunque nadie le quiera…estando sola, pero feliz. Tal vez porque el pasado le hace feliz, o talvez cada pequeña cosa que alguien hace por esa gente es algo tan grande, tan maravilloso, que para agradecerle al mundo y a la persona, sonríe. Poco realmente es lo que entiendo. Pero pareciera que la gente latinoamericana es así. Alegre, feliz, disfrutando la vida, cada segundo, cada minuto, los amigos, la familia, a las personas de su ciudad, lo que lo rodea…
Parece ser una persona feliz por todo.
Tampoco digo que otras personas no es feliz, (otras personas refiriéndome gente no latinoamericana) pero, al latinoamericano le gusta estar acompañado, con cualquier tipo de gente, y lo disfruta tanto, más aún si es un amigo o alguien muy cercano.
Pero cuando te encuentras varado en un lugar, que nadie te conoce, que te sientes solo, y que no tienes familia, como ella…parece ser lo peor del mundo. Y yo la miro, cada parte de su cuerpo, y con el día nublado, sus ojos parecen tener el mismo color oscuro de las nubes, y esas ventanas al alma, parecen estar selladas de una neblina interminable, su cuerpo es tan delgado como una hoja de papel y creó que en solo tocarla puedo quebrarle algo…y solo exhalando el aire al lado de ella, creo que puede volarse y no volver nunca más a la casa… No es que me importe, pero ella parece estar tan sola, tan triste, con un pasado trágico…pero aún así, hablándole, ella te sonríe, y sin que ella te diga algo, solo te sonríe y nada más. Un escalofrío me pasa por la columna vertebral cuando me la encuentro saliendo de la casa. Le habló y ella mueve la cabeza para los lados, me sonríe y se va.
Mientras tomo desayuno, me pregunto si en otros países existe gente buena como nosotros… digo, no es que seamos perfectos, pero los latinoamericanos somos gentiles o eso pienso yo. Le hemos acogido a ella varios días, porque esta sola…y es ahí cuando me pregunto si es que yo estuviera en otro lugar, solo… ¿Alguien me ayudaría?
Mi madre me dice que Arnaldo la ayudara mejor que nosotros, porque ya lleva demasiado tiempo acá en casa y que no la podemos tener más. Espero que le ayude… si, eso espero.
Parece tenerle miedo al viaje que haremos a Petrópolis, como si fuera dejar algo atrás, a su familia talvez… ¿Dónde esta su familia? Ella no tiene…o eso creó yo y mi familia. Tras el viaje, me doy cuenta que en sus sueños alguien la pena, esta perturbada, como si quisiera recordar algo y no pudiera hacerlo… ¿Estaría recordando a su esposo? ¿A sus hijos?
No pude acompañarla hasta la casa de Arnaldo, porque mis hermanas y mi novia no me dejan. Parecieran que no les gustara la anciana que teníamos de ‘huésped’. Pero le trato de dar las instrucciones para que llegue sano y salvo. Y nos vamos.
Mientras me baño, algo se me hunde en mi corazón y me desgarra. ¿Estará bien? …Margarita…así se llamaba, parece que soy el único que la recuerda en este mundo.
La gente latinoamericana parece llevar los sentimientos a flor de piel…somos cariñosos, demasiados apegados a gente que no conocemos…
Yo sentía que la conocía…a ella, a margarita.
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